lunes, 10 de noviembre de 2008

una carta en el asfalto

Encontróme yo el otro día andando una carta tirada en la carretera. Cuando la vi estaba del revés, hasta que dándole unas cuantas patadas se dió la vuelta y resultó ser un 6 de rombos. Una señal? quién sabe, tan sólo me preocupé de hacerle una foto.....
Al poco rato me vino a la mente, como si ella me hablara, y dijo algo así como..."Seré lo que desees que signifique ahora para tí"

domingo, 2 de noviembre de 2008

Bienvenidos

Un blog más, sí. Así es.
Pero "Siempre nos pasa lo mismo", no es un Blog cualquiera, en el las palabras tornan sobre sí mismas, los sentidos vuelan como sí de un sueño se tratase. Los sueños vuelan como sí de la misma realidad se tratase. Anécdotas inverosímiles, historias sin sentidos, recomendaciones cargadas de sensibilidad, en resumen, te perderás en nuestras entrañas. Cada día, algo extraño nos sucedera. Esta vida es cruel y bella a la vez. Desde aquí afrontamos la realidad con ganas y desenfreno, arriesgando a perdernos en la más densa oscuridad.

Tal vez, todo lo que leais carezca de sentido. Eso aquí no importa.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Aguas Turbias

Probablemente los hechos ocurrieron de madrugada -pensó-. Era uno de esos días de pleno agosto en los que el Sol hacía justicia sobre todo tipo de ser vivo. Apenas se escuchaba ruido por las calles del pueblo, era mediodía y tan sólo la presencia de unos críos dándole al balón era toda cuanta presencia se percataba y escuchaba. Pero Justino Sánchez fue ,como cada día, andando del pueblo a su pequeño campo donde cultivaba cuatro hortalizas para sobrevivir y así pasaba el rato, pensaba. Apenas se cruzó con nadie en la casi hora y cuarto que hay para cruzar el pueblo andando hasta su pequeña granja. Ni tan sólo la presencia de la panadera le inquietó, Justino cabizbajo ni se percató de ella. Andaba siempre con la mirada fija en el suelo. Medio curvado, y con los pantalones ataviados con una pequeña cuerda, llegó así a su pequeño refugio -que le llamaba él-. Allí guardaba cacharros antiguos y herramientas para labrar la tierra, cajas amontonadas, apiladas una encima de la otra como si les fuera la vida en ello. Lo primero que hizo fue quitarse la camisa y refrescarse con la manguera. Luego cogió una especie de guadaña pequeña que utilizaba primero para quitar los hierbajos que tan rápido crecían e impedían hacer fértil la tierra. Bajo aquel Sol acechante, Justino se puso manos a la obra, hasta que no hubo pasado una hora, cuando vió algo raro detrás de aquel montículo de tierra. Lo tenía a unos metros, pero el sudor le cegaba los ojos. Algo ya cansado, decidió acercarse y apretó la pequeña herramienta fuerte entre sus manos por si era un conejo o alguna especie de animalejo. No fue cuando lo tuvo delante cuando se percató de lo que realmente era. Una mano humana, con los dedos entreabiertos y blancos, muy blancos. Justino empezó a sudar más; no podía ni pensar, se quedó mudo, sin hacer nada durante unos largos minutos. Fue como si se hubiera detenido el tiempo. Rápidamente se le apoderó el pánico en el cuerpo. Se quedó mirando fijamente las uñas de esa mano. Una de ellas estaba rota y las demás cubiertas de tierra. Pensó en llamar a la policía, pero en ese instante estaba tan confuso que pensó que podrían inculparle de ese posible crimen. Ni tan siquiera sabía si era mujer, hombre, niño, niña, o si podían ocultarse más de una persona bajo esas tierras. Y es que Justino tenía la fama en el pueblo de introvertido y tipo extraño, arisco que no se relacionaba apenas con nadie. Vivía sólo desde que su mujer murió a causa de un cáncer de hígado, que quizás fue culpable de su mal carácter, o quizás no. En parte sí, pero por otro lado ya desde pequeño sentía un pequeño sentimiento irracional en su carácter. Tal vez podría ser considerado un nuevo modelo de Lobo estepario, tal como imaginó en sus buenos tiempos el escritor Herman Hesse, un ser solitario e incomunicado, pero este no es el caso. Justino era feliz, solitario pero feliz, el no tuvo la culpa de su mal carácter. Hondando en estos pensamientos, allí se encontraba Justino delante del cadáver, con su mirada fija e inquieta a la vez sin saber como actuar ante aquella delicada situación. Sus pensamientos se acumularon provocando una sensación de agobio repentino sintiendo la necesidad de escapar, alejarse de aquella situación que tanto mal le podía hacer.

Una señal, alguien con algún pensamiento obtuso entre sus entrañas reparó en dejar caer sus culpas sobre el buen Justino. En el pueblo evitaban cualquier contacto con el, tal vez fue una señal. El no creía en el destino, incluso lo maldecía en más de alguna ocasión. Tal vez lo mejor era alejarse de la sociedad, comenzar una nueva vida alejado de tanto odio, tanto egoismo generalizado.

Tras suceder varios largos minutos en su mente, seguía ahí paralizado delante de su señal, aquella señal que había llegado hasta sus entrañas.

“Tal vez este sea el camino, a pesar de todo, el destino no es tan malo como dicen”

Quiso respirar, alejarse de todo, no volver a lamentar, no volver a pensar en esta cruda vida que el odiaba, era un instinto irracional sí, pero así lo deseaba. La vida le sonreiría en cualquier otra parte, en cualquier otro lugar…